Uno de los personajes históricos del sector del automóvil que más contradicciones generó fue indiscutiblemente Henry Ford, el ultraderechista norteamericano que fue padre no solo del automóvil sino también de un hijo bastardo que se negó a reconocer públicamente, un hombre que duplicó el salario mínimo pero fue destructor de sindicatos, y un individuo tan orgulloso de su color blanco que por racismo fue condecorado por Hitler. Sin embargo, cada vez que llegamos veloces a cualquier lugar a bordo de un coche, debemos rendir homenaje al hombre que lo hizo posible.
Henry Ford nació el 30 de julio de 1863 y desde niño le inculcaron ideas muy retrógradas en cuanto al sexo y las costumbres consideradas buenas o decentes. Utilizaba frecuentemente la doble moralidad, y solía lavarse las manos con jabón fuerte cuando se sentía mal por sus acciones.
Espetaba en voz baja palabras subidas de tono cuando creía que nadie le oía, y desde niño, aunque no fue un alumno brillante, se ciñó a la cultura del trabajo con una vocación calvinista. A los 16 años abandonó la escuela de su natal Dearborn, Michigan, y se convirtió en el prototipo del self-made man, el síndrome del sueño americano.
A lo largo de su agitada vida de arduo trabajo, Henry acumularía muchas contradicciones en su vida. Como severo guardián de la moralidad sexual que decía ser, procuraba que su nombre no fuera mencionado en situaciones subidas de tono. Se casó con la bonita hija de un campesino, Clara Jane Bryant, tras conocerla en un baile pueblerino. El flechazo fue inmediato para Henry, quien la encontró encantadoramente tradicional, mojigata y dulce.
UN AUTAZO
Uno de los modelos más emblemáticos de la historia, el Ford Mustang todavía crea en muchos aficionados la más intensa de las admiraciones. Para su creación, como si se ya se esperaba de éste un clásico aún antes de su fabricación, se formó un comité para el diseño del coche, con la característica principal que sea atrayente para todo tipo de público, que en ese entonces estaba sediento de autos veloces y agresivos.
Así, en 1961 Lee Iacocca (entonces vicepresidente de la Ford Motor Company) formó el Comité Fairlane, cuyo punto de reunión era el mismo hotel Fairlane, e iniciaron la búsqueda de aquel auto casi perfecto. Como punto de partida, este coche debía ser ligero (comparado con los mastodontes de 2 toneladas de la época), sencillo, económicamente accesible, con las comodidades típicas de un deportivo europeo, es decir, asientos individuales, suaves acabados y palanca de cambios en el piso. Obviamente, para atraer la mayor cantidad de público posible, este auto debería tener todas las opciones imaginables de accesorios, tipo de carrocería, color del coche, motor, transmisión manual o automática, etc.
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